Hablar de exportaciones vitivinícolas y economía social en una misma frase sonaría un tanto trasnochado en el capitalismo siglo XXI, ¿no? Bueno, para alegría de algunos y pesar de otros, la organización internacional Fair Trade ha puesto a aquellos “opuestos” en balanza equilibrada, apostando al mercado global con consciencia social y desarrollo regional.
Un ejemplo de ésto a nivel nacional es el de la Cooperativa La Riojana, que en 2006 certificó las normas de Fair Trade que pone mano firme en la ética y responsabilidad social empresaria a partir del empowerment de los trabajadores de entidades del “tercer mundo”.
De esta forma, cada exportación genera una prima extra que es invertida en proyectos de infraestructura y desarrollo social que benefician a la comunidad donde se emplaza la explotación vitivinícola.
Además, para evitar “malentendidos” en el uso de fondos la Organización estipula que no pueden ser destinados a gastos corrientes de la empresa, limpieza de “rojos” ni aumentos salariales. Sólo se puede invertir en proyectos sociales bajo la supervisión de los trabajadores, que se sientan junto al directorio en la mesa de decisión.
En el caso concreto de La Riojana, la cooperativa ha trabajado en la dotación
de agua potable para sus poblaciones; el traslado y educación de los hijos de los empleados y el equipamiento de salas de cuidados primarios de salud, entre otras iniciativas.
A muchos les costará asimilar esta forma de producción como algo viable y palpable. Bueno, para los agnósticos, basta echar un vistazo al podio de la última edición de Malbec al Mundo, donde el Fair Trade Malbec 2009 de La Riojana se alzó con un Gran Oro.
Argentina ya tiene grandes vinos; ahora el desafío es el desarrollo social de los que hacen esta maravillosa industria.